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Con la ayuda de Secando Pequeñas Lágrimas, el pueblo nómada de Turkana recibirá la asistencia médica.

El desierto de Turkana se encuentra al noroeste de Kenia, en la frontera con Etiopía. Aquí viven los más pobres de los pobres del país. A las casi un millón de personas que pertenecen al pueblo nómada de Turkana les falta de todo: hay poca agua, el suministro eléctrico es insuficiente, no hay instituciones educativas y lo que más afecta a la gente, ¡una asistencia médica totalmente deficiente!


Desde hace aproximadamente 40 años, la Orden Católica de San Pablo Apóstol se comprometió a mejorar las condiciones de vida de los niños de la región. En los últimos años, los miembros de la Orden han logrado establecer una unidad de primeros auxilios e iniciar un programa de formación para las enfermeras kenianas.

Debido al número de los pacientes jóvenes, la capacidad de los encargados de primeros auxilios se vio rápidamente limitada. A todo esto, llegó una plaga de termitas que casi dejó paralizado el funcionamiento del equipo. Se tuvieron que realizar muchas intervenciones menores al aire libre y en chozas de paja.

En resumen, las condiciones que se daban en el lugar de los hechos eran cada vez más intolerables. Se creó una clínica móvil, que en visita las 24 estaciones de control en Turkana cada mes para permitir que un gran grupo de personas pueda recibir la asistencia médica básica necesaria.

Una tarea hercúlea en vista de los casi un millón de habitantes que viven en la región y una superficie a atender de 11 000 kilómetros cuadrados. Finalmente, la Orden de San Pablo Apóstol se dirigió en su difícil situación a la Fundación Regine Sixt de Ayuda a la Infancia con una solicitud de asistencia en la renovación y ampliación de las instalaciones. Después de examinar detalladamente la solicitud, la junta directiva decidió a principios de este año a fomentar la asistencia médica de los niños en la zona de Turkana.

Gracias al apoyo de «Secando pequeñas lágrimas», este año se iniciará la construcción de una enfermería fija en la Misión de Nariokotome. La nueva enfermería acogerá, además de la especialmente necesitada sala de partos, un espacio para los exámenes de ultrasonido, un laboratorio, una farmacia y una sala especial de tratamiento para los pacientes con VIH, así como una sala de formación para las enfermeras.